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FALTA UNO. FALTA EL BRUJO. Por la aparición de Santiago Maldonado

               No sabían, tal vez, los adalides de la democracia selectiva, los defensores de la propiedad privada por encima del bien común y el derecho histórico, que en 2006 se sancionó la Ley de Emergencia Nº 26.160, que legisla “en materia de posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas originarias del país, cuya personería jurídica haya sido inscripta en el Registro Nacional de Comunidades Indígenas u organismo provincial competente o aquellas preexistentes”, y en su artículo 2 ordena: “Suspéndase por el plazo de la emergencia declarada, la ejecución de sentencias, actos procesales o administrativos, cuyo objeto sea el desalojo o desocupación de las tierras contempladas en el artículo 1”.

            ¿Tampoco sabían que la Ley había sido prorrogada en dos oportunidades y se encuentra en vigencia hasta el 23 de noviembre de 2017?

             Hay luchas que son históricas, y algunas de ellas tienen fuertes raíces que se enlazan a los orígenes de las sociedades.

             Ésta es una de ellas. Son luchas por derechos humanos que han sido arrasados. El pueblo mapuche, generación tras generación se ha enfrentado a la invasión cultural, reproduciendo sucesivamente en su descendencia el bagaje que dejaron como mandato sus ancestros: una cultura humanista, sabia y holística. Santiago hizo carne su historia y supo legítimos sus reclamos, los entendió genuinos y los sintió necesarios.

            Más de un mes hace de su desaparición, desde ese 1 de agosto cuando se lo vio por última vez... Y no se ha podido hacer cesar el reclamo: ¡Aparición con vida ya!

            Replican las voces, los afiches, las redes sociales, las calles: dónde está Santiago Maldonado, dónde se lo llevaron. ¡Vivimos en una Democracia! Grita por ahí (¿o pregunta?) alguna voz cargada de fuerza y desazón. Dónde estamos… en qué país nos encontramos… qué normas lo rigen… qué ha pasado… dónde ha quedado la historia… dónde se aloja la memoria… quiénes somos. Derechos Humanos en Argentina… ¿Derechos Humanos? Quién es Santiago, qué edad tiene, cómo es su voz, qué hace, qué cosas lo apasionan… dónde está Santiago Maldonado…

           Santiago es artesano y tatuador. Tiene pensamiento anarquista (no había emitido voto alguno en sus 28 años de edad). Es una persona solidaria, dice su padre, “…siempre le preocupa el otro. Cuando era adolescente, yo servía la cena y él agarraba su plato y se iba a llevárselo a un chico del barrio que comía salteado. Primero el otro. Recién cuando volvía se sentaba y comía él"[1]. A Santiago le apasiona viajar, es mochilero. Es inquieto y curioso, ha viajado en bici con un amigo recorriendo el ancho de la Argentina hasta llegar a Mendoza durante el 2016.

          En 2017 su peregrinar lo llevó a cruzar a Chile, para luego establecerse temporalmente en el Bolsón hace unos 3 o cuatro meses. Allí tomó contacto con el pueblo Mapuche y se identificó con sus reclamos y su lucha por el derecho a la tierra y en contra los proyectos extractivistas en la cordillera, apoyando particularmente a la comunidad Pu Lof en resistencia de Cushamen.

           El pueblo mapuche reclama tierras que les fueron arrebatadas y entregadas a manos extranjeras producto de la última cruzada genocida contra los pueblos originarios del sur de América (la “Campaña del Desierto”, ejecutada entre 1878 y 1885). En estos territorios habitaban los mapuches, los tehuelche y los ranqueles, todos ellos pueblos preexistentes.

           La Campaña del Desierto fue una expedición militar instrumentada para finalizar el proceso de exterminio de los pueblos originarios en pos del control de sus tierras y sus recursos; siendo sus sobrevivientes perseguidos y expulsados, o sometidos a un perverso mecanismo de aculturación para que conformaran la masa humana prácticamente esclava destinada a la explotación de lo que antes les era propio, en beneficio de los grandes terratenientes extranjeros.

            Fue el mismo Estado Argentino el que llevó a cabo la deplorable empresa, entregando el inconmensurable botín a más de 50 compañías inglesas, las que durante años usufructuaron los territorios (arrancados a base de sangre, muerte y destrucción).

             Hasta el momento presente los mapuches nunca dejaron de solicitar reparación histórica, incluso amparados por tratados y pactos internacionales.

             Cuando se desapareció a Santiago, él estaba junto a ellos.

              Su campera quedó como último rastro de su existencia, en las tierras reclamadas a un tal Luciano Benettón.

              Aquel día, 4 escuadrones de Gendarmería Nacional fueron a defender una porción de las 900.000 hectáreas de territorio nacional que el multimillonario empresario italiano había adquirido entre 1991 y 1997.

              Balas de plomo de grueso calibre, y perdigones de plomo es lo que los defensores de la soberanía patrimonial del magnate habrían utilizado durante el faustoso operativo llevado a cabo contra 7 pérfidos defensores del caos.

              El comandante mayor de Gendarmería Diego Conrado Héctor Balari manifestó haber recibido “órdenes precisas emanadas del Ministerio de Seguridad” y de las autoridades judiciales con jurisdicción en la zona para llevarlo adelante. Lo que ocurrió con la presencia del Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de la Nación, Pablo Noceti.

              Y luego sobrevino todo: la estigmatización de la misma víctima, de los testigos, de su reclamo, los infiltrados en marchas evidentemente pacíficas y genuinas, la multiplicidad de pistas falsas en la investigación, las connivencias, los documentos adulterados de las fuerzas, el silencio de muchos medios de comunicación, frases desfasadas como guerra declarada, y operaciones políticas con la muerte de uno y con la angustia cientos de miles.

            Nuevamente lo siniestro, ese engranaje de lo grotesco en la mecánica del poder[2], parece desdibujarlo todo.

            Pero no todo es sombra. A tanta manipulación se le opone una gran parte de la sociedad, reeditando un reclamo que tiene como fuente lo que nos ha valido tanto reconocimiento a nivel internacional: la férrea lucha por los Derechos Humanos. Esa parte de la sociedad que, al igual que Santiago con los Mapuches, encarna el dolor de una familia que espera una respuesta, que llora cada noche por su aparición, y que sufre cada día, todo el día, su falta.

           Las políticas de Estado pueden ser reparatorias o ser cómplices. Pueden propiciar la defensa y la lucha de derechos humanos o pueden generar impunidad.

            Es gravemente traumático para el colectivo social que los delitos estén abalados por quienes están en posición de protegernos, y que exista una alta probabilidad de que sea el mismo Estado el victimario. Es traumático que los hechos sean ocultados por la autoridad y por gran parte de los medios de comunicación, que no sean relatados como realmente ocurrieron, y que el lenguaje con que lo hacen esconda una verdadera violencia simbólica.

            Cuando la Ley es quebrada por quien está institucionalmente en función de protegerla, el efecto es del orden de lo siniestro. La sociedad queda en estado de desamparo y escepticismo. Luego, para toda norma se labiliza su función y se diluye su efecto de ordenador social.

            “Los ejecutores de lo siniestro, los que están en el secreto, se manifiestan en cierta forma insensibles a los efectos de lo horrendo. Ellos mismos son lo siniestro, sobre todo si logran la impunidad que pretenden. Esta impunidad confiere poder sádico, poder fascista. Hasta pueden elaborarse doctrinas y argumentos que intentan validar lo invalidable. Esto ocurre sobre todo cuando el escenario de lo siniestro traspasa los límites de una familia y cobra la dimensión de la sociedad”[3].

            Es claro el mensaje: lo que la sociedad no resuelve ni elabora, lo reedita, lo repite. Cuando hay una desaparición forzada hay detrás un delito imprescriptible. Santiago Maldonado nos conduce a interpelarnos una vez más qué sociedad queremos, hacia dónde vamos, cuáles son los ejes que nos definen, con qué valores nos identificamos.

            Impunidad. Reparación. Ocultamiento. Visibilización Desaparición. Aparición con vida. No son palabras sueltas. Son aquellas que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte (intencional y premeditada), la diferencia entre la presencia y el cese de existencia de una persona, la diferencia entre quienes legitiman lo siniestro y los que pugnan por un mundo más justo.

Varinia María Gómez

Lic. En psicología

APP capítulo Corrientes

 

[1] Entrevista a los padres de Santiago Maldonado, 25 de agosto de 2017, Diario “La Nación”. http://www.lanacion.com.ar/2056617-entrevista-a-los-padres-de-santiago-m...

[2] Foucault, Michel. “Los Anormales”. (1975) p. 25.

[3]  Dr. Fernando Ulloa, psicoanalista con amplia trayectoria en Derechos Humanos manifiesta, “La ética del analista ante lo siniestro”.