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Fallo de la Suprema Corte: “FUI LA VÍCTIMA PERFECTA DE LA JUSTICIA MACHISTA” . (Mendoza)

La Sala 2 de la Suprema Corte falló en contra de una mujer que denunció a su jefe por acoso. Dos jueces (Adaro y Valerio) dijeron que no puede comprobar el hecho y que “faltaba mucho” al trabajo. Palermo votó en disidencia-

                El 12 de junio pasado, después de escuchar el fallo dividido de la Corte Suprema de Justicia de Mendoza que le denegaba su demanda por acoso sexual a su jefe iniciada contra una firma local y una ART, María sintió lo que dijo en esta nota: "Soy una víctima perfecta de la Justicia machista". 

                La mujer que hoy tiene 40 años, vive con su hijo y -se advierte- todavía no sale del infierno que vivió: primero con un jefe insoportable y luego con el derrotero por la Justicia de Trabajo que comenzó hace 7 años, cuando devastada por la conducta de su superior, tuvo que renunciar.

El caso:

               "En junio de 2009 entré a trabajar a una tienda del Shopping. Para eso tuve que hacer un curso de marketing y pasar un test psicológico. Estaba contenta: hacía poco que había sido madre, soy sostén de familia y necesitaba ese trabajo", recuerda.

                María fue derivada a la sección de textil y mueblería. El jefe de su misma edad la comenzó a acosar de inmediato. "Me decía cosas pretendidamente eróticas como 'qué linda que estás', me hacía subir a las escaleras y se ponía debajo para mirarme (las chicas usamos vestido en esa empresa). Cada día iba un poco más lejos, pero yo no decía nada; no podía perder ese trabajo".

              Algunas de las compañeras de María comenzaron a notar el acoso. Y se lo advertían: "ojo con ese". Con el paso de los meses, el jefe de María se había obsesionado con ella. "Él conocía los rincones de la empresa y siempre los acosos ocurrían donde no había cámaras de seguridad".

               En un momento, el joven jefe se cansó de las indirectas, la hizo ir al subsuelo de la tienda y allí se sinceró: "¿Lo hacemos acá?", le preguntó. Tampoco había cámaras de seguridad allí.

                En otras ocasiones, cuando ella se sentaba frente a su PC con sus clientes del otro lado de la mesa para concretar una venta, aparecía el jefe y, suavemente, le decía "algunas cosas" al oído. "Eso provocaba que me distrajera, y cada vez estaba más estresada".

 Del "amor" al odio:

               Al cabo de un tiempo, cuando el jefe se dio cuenta de que no  iba a avanzar con María, comenzó otra tortura: los malos tratos y abusos laborales como el de hacerla quedar después de hora. "Me retenía con excusas y a las 22.15,  me decía que me podía ir, cuando él sabía que mi colectivo ya había pasado".
Con los meses, lo que María comenzó a sentir por su jefe fue "asco", según sus palabras.

"Fui a Recursos Humanos y lo denuncié, pero no me escucharon". 

              Un médico laboral le dio una semana de parte de enferma. Según el psiquiatra, María estaba deprimida. Y fue medicada con Clonazepam, remedio que ella no conocía.

En 2011, María sufrió una fuerte descompostura en su trabajo: "Empecé a tiritar y se me paralizó la mitad del cuerpo". La llevaron a la enfermería de la empresa, la revisaron y luego "me enviaron en remise a mi casa".

             Después de no ir por varios días -el médico le extendía el certificado- y ante la falta de respuesta de la empresa, María se dio por despedida: "Voy a ir a la Justicia", les dijo. "Andá", le contestaron.

 Juicio:

               En agosto de  2013, sus abogados Javier Torres y Daniel Ávila, presentaron una demanda en la Justicia Laboral por "despido incausado" y "enfermedad accidente" que hace referencia a que la chica no estaba enferma cuando empezó a trabajar y ahora vivía con pastillas.

              Para eso, los letrados se valieron de los informes médicos como pericias psiquiátricas y testimonios de ex compañeros de María. 

               El juicio fue pactado para agosto de 2015 pero ese día el Tribunal decidió acumular las dos denuncias y entonces el debate fue reprogramado para el 17 de noviembre de ese año. 

                Pero ese día uno de los jueces de la Cámara 6 del Trabajo no podía ir y todo se pasó para año más tarde. Entretanto, la firma del centro comercial, una de las demandas, nunca envió el material que le pedían desde la Justicia como los comprobantes de entrada y salida de la empleada. Sólo mandaba a sus abogados que negaban lo ocurrido. Y de paso, ya había despedido al jefe acosador.

                 El juicio por fin se llevó a cabo el 4 de diciembre de 2015, pero ya no fueron muchos testigos, cansados de ir y que el debate nunca se llevara a cabo. Recién al año siguiente, en febrero de 2016, la Cámara no hizo lugar a las demandas de María y falló a favor de la empresa y la ART. Entre sus argumentos, los jueces (un varón preopinante y dos mujeres que votaron en coincidencia) dijeron entre otras frases: "Ninguno de los testigos ofrecidos por la accionante proporcionaron datos precisos o coincidentes de la situación denunciada por ella". Además, durante el debate una de las magistradas le preguntó a María de qué modo se vestía cuando iba a trabajar. "Allí trabajamos con uniforme", respondió la chica.  

A la Corte:

                   Ante el revés, los abogados de María recurrieron el fallo en la Sala Segunda de la Suprema Corte local. La idea era comprobar que el juicio de la Cámara 6 de Trabajo había sido "arbitrario".

                    Un año y medio más tarde, el pasado 12 de junio, la Sala de Corte formada por Mario Adaro, José Valerio y Omar Palermo tuvo enfrente a María. Los supremos Adaro y Valerio estuvieron de acuerdo con que la sentencia de Trabajo contra María estaba bien, y que no hubo arbitrariedades. El juez Omar Palermo votó en disidencia; para él aquel fallo sí era arbitrario, y merecía ser revisado.

                   Adaro dijo en su sentencia: "Advierto que la actora (María) ante la proximidad del vencimiento de la licencia paga por enfermedad -recordemos que era una licencia prolongada- denunció ante su empleadora (la empresa) los supuestos actos de acoso de su jefe". 

                   Luego afirma: "La Cámara apoyó su decisión en los elementos de prueba, y ha fundado debidamente su apartamiento de las conclusiones del perito médico psiquiatra y perito psicólogo". Y por último culpa a la mujer de no poder comprobar el acoso: "Al haber afirmado un hecho relevante -acoso por parte del jefe- pesaba sobre ella la carga de acreditarlo, lo que no ocurrió.”

                 El flamante magistrado Valerio adhirió a esta postura.

 Disidencia:

                Por su parte Omar Palermo se diferenció de sus colegas con estos argumentos: "La Cámara incurrió en arbitrariedad al no tener en cuenta ninguna de las pruebas esenciales". También dijo: "El tribunal omitió valorar la prueba documental glosada. En esa documentación se encuentran numerosos certificados de diferentes médicos y con diferentes fechas, los cuales constatan en ella el estrés laboral con componentes fóbicos y depresivos". 

                   Dice además:  "El Tribunal omitió meritar la historia clínica remitida por la Clínica Santa Rosa donde el Dr. Lillo Constanza informa "persiste muy angustiada, derivo a psicopato". Con fecha 12/8/10 se informa cansancio, estrés; luego el 20/4/11 la derivan a psicología y la medican con Rivotril. Ya para fechas 9/12/11 11 y 15/3/12 le reiteran la medicación".

                 Y terminó: "La dificultad en la acreditación del acoso sexual se presenta porque estas conductas son llevadas a cabo por el acosador desde la oscuridad, con hostigamiento verbal aún sin contacto físico".

                  Llevado a términos futbolísticos, María perdió dos a uno en el órgano superior de justicia de Mendoza.

                 La fecha del fallo coincidió con el comienzo de los acosos que le cambiaron la vida. "En 8 años, entre los acosos de mi jefe y el derrotero judicial, puedo decir que ya no soy la misma: esto me cambió para mal", dice. Es una mujer triste, "y yo no lo era", asegura. 

                 Y ahora, además, está endeudada porque en la condena figura que ella debe pagarle a los abogados de las firmas a las que demandó.